Ferretería Actualidad
Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
Si el sector de la construcción es uno de los principales motores de la economía española,también lo es para el mercado de la herramienta electroportátil para la madera, que se apoya en su constante crecimiento para mantener una demanda activa, tanto en su vertiente de obra nueva como en la de rehabilitación y mantenimiento del hogar. Las estimaciones de crecimiento de la construcción para el 2005 son del orden del 4,5%, y aunque se prevé un cierto retroceso para 2006-2007, seguirá creciendo, aunque con unos porcentajes inferiores al 3,5%.
Si hay un nexo de convergencia entre el sector de la construcción y el de la herramienta electroportátil para el trabajo en madera, éste es el de la rehabilitación, desde la recuperación de puertas y ventanas hasta el arreglo de muebles. Persiste el incremento de precio de la vivienda, lo que provoca que las personas que disponen de cierto efectivo, pero no lo suficiente para acceder a una nueva vivienda, decidan rehabilitar su casa.
Esto significa que el campo de la rehabilitación y el mantenimiento se convierten directamente en una oportunidad de negocio para el sector de la maquinaria para la madera. Su importancia reside por tanto en que el campo de la rehabilitación puede compensar las oscilaciones que puedan surgir en el mercado de la construcción de nuevas viviendas, dotando a fabricantes y distribuidores de una mayor estabilidad comercial.
Mercado estable y grandes descuentos
La actual dinámica del mercado se muestra continuista con respecto a años anteriores y en especial a 2004, que fue positivo. La mirada llena de matices que presenta este sector, de oferta continua, nos lleva a hablar de un mercado estable, levemente a la alza, pero cauto en cuanto a ventas. Es decir, si bien es cierto que el nivel de ventas se mantiene, también es cierto que cuesta más tiempo concretar una venta.
En lo que se refiere a los precios, y dentro de su estabilidad, se aprecia una tendencia a la baja, mayor en el segmento del bricolage que en el industrial. Este cambio viene inducido, no tanto por la contracción de la demanda, cuanto por la multiplicación de la oferta. Hasta ahora las grandes marcas habían mantenido una política estable, con las habituales ofertas y descuentos. Pero últimamente se ha inaugurado una política de grandes descuentos. En el mercado se ha establecido una gran lucha por ofrecer el mejor precio, utilizándose todo tipo de recursos comerciales, que si bien son habituales, han pasado de puntuales a permanentes. Es decir, se siguen utilizando las promociones típicas de ferias por pedidos mínimos, los descuentos por volumen de compra, las promociones por novedad, las ofertas de reducción de precio de cara al distribuidor, etc., sólo que son soluciones comerciales continuas. No es de extrañar, entonces, encontrar palers llenos de productos, con una gran oferta como gancho, que en las grandes superficies se ha convertido en algo habitual.
Fabricación y distribución
La oferta en España de maquinaria electroportátil para trabajar la madera se estructura a través de pymes fabricantes e importadoras, por un lado, y de grandes empresas, multinacionales extranjeras por más señas, por otro. Estas empresas deben tener cierta magnitud para disponer de un catálogo suficientemente amplio. Debido a que el volumen de producción de este tipo de maquinaria en España es pequeño, la exportación se limita a una o dos empresas. La importación, por el contrario, y debido al peso de las multinacionales, supone un elevado tanto por ciento, en la oferta del mercado.
Los principales canales a través de los que se distribuyen estas máquinas electroportátiles son los habituales del sector: suministros industriales y especia-lizados, y ferreterías (fresadoras, sierras de calar, ingletadoras con mesa superior, etc.), con una proye-cción específica hacia la construcción y sus ámbitos de fontane-ría, instalaciones y mantenimiento (marti-llos, amoladoras, etc). Durante los últimos meses el suministro industrial ha ganado cierta importancia co-mo canal de distri-bución, y en la actualidad se advierte cierta tendencia a la especialización. La demanda la completan las grandes superficies especializadas, con una gran rotación.
En este sentido, y por lo que respecta al segmento del bricolage, hay que hacer mención de una experiencia que se está dando en algunos países de Europa, donde el segmento industrial ha accedido también a las grandes superficies especializadas, en paralelo a un tipo de usuario del bricolage muy exigente. El tiempo dirá si esta experiencia se generalizará como canal de distribución habitual y si penetrará o no en nuestro país. No pocos representantes del sector fabricante verían con buenos ojos que aumentase la capacidad de orientación al usuario por parte del personal de estas grandes superficies.
Las gamas que suben
La oferta de herramientas electroportátiles para la madera viene determinada básicamente por las necesidades de los profesionales que las utilizan.
A pesar de las evoluciones, en la actualidad estas necesidades son las mismas que vienen siendo habituales en los últimos años, lo que nos dibuja cierta estabilidad.
A pesar de ello se advierten sensibles incrementos en la comercialización de cepillos, lijadoras, trazadoras y amoladoras en el sector industrial. Las fresadoras de pequeño tamaño es un producto que se comercializa cada vez más, al igual que las fresadoras para mesas de fresar en el bricolage más ‘profesional’. En el sector de la construcción y la madera se está pasando de los taladros de percusión a martillos pequeños electroneumáticos. Por el contrario se advierte un cierto descenso en la comercialización de sierras circulares.
Innovaciones en seguridad, materiales, tecnología…
En el ámbito de la innovación, hay que decir que mientras la demanda de los usuarios no exija nuevas máquinas, el sector se centra en mejorar el producto. Estas mejoras buscan esencialmente manejabilidad –reducción de tamaño y peso de las máquinas- y aumento de la potencia. El objetivo de estas dos premisas es acceder a posiciones difíciles y hacerlo con las mejores garantías. La innovación implica inversión y en estos momentos las principales innovaciones que se presentan en el sector se centran en el diseño, la tecnología, los materiales y la seguridad.
Varias fuentes del sector aseguran que las exigencias de la normativa, la escrupulosidad a la hora de cumplir con las certificaciones, y la propia concienciación del sector hacen que la seguridad sea uno de los ámbitos donde se está innovando más. En este campo cabría destacar las inversiones en materia de protección como la cobertura de disco. Por otro lado, se pueden observar avances en la mejora de sistemas de filtrado de las máquinas, sustituyendo las bolsas de papel por microfiltros, que permiten filtrar las partículas de polvo más pequeñas, mejorando la calidad de vida del usuario.
Las mejoras tecnológicas buscan la reducción del tamaño de la máquina y el aumento de la potencia de las mismas. Actualmente se está utilizando mayoritariamente la tecnología con base de níquel, mientras que la incorporación del uso del litio permite conseguir los objetivos de reducción de peso y aumento de potencia, deseados. Por otro lado, la innovación tecnológica, está incidiendo en aquellos aspectos que permiten alargar la vida a la máquina, y en consecuencia su fiabilidad. En el campo de la electrónica de motores se advierte un avance en el control electrónico del par de fuerza.
En el campo de la innovación de nuevos materiales se busca conseguir que las máquinas electroportátiles resulten más cómodas y menos pesadas para el usuario. A este respecto, se va incorporando la substitución de la doble inyección en los plásticos y se incrementa la inyección de aluminio, respectivamente.
También se están apostando por el diseño, cuyas innovaciones en este campo implican la superación de antiguos modelos que, si bien responden a las exigencias de calidad y prestaciones del mercado, resultan de estética anticuada y en consecuencia poco atractiva.
El papel de China
La irrupción de China en el mercado de las electroportátiles para madera es ya una realidad. Y en este sentido dos son las consideraciones a tener en cuenta: si bien es cierto que se importan herramientas de China, también es cierto que su incidencia en el sector industrial es relativa y mayor en el segmento doméstico. Las causas, según representantes del sector, las encontraríamos en la falta de calidad de los productos. «Un carpintero puede adquirir un producto determinado a bajo precio, pero dependiendo del trabajo a realizar, necesitará garantías de precisión y si el trabajo no es breve, de fiabilidad del producto», declara un representante del sector.
En algunas gamas de herramientas domésticas, en las de vida más corta o con útiles que no requieran grandes dosis de precisión y fiabilidad, como discos de sierra o brocas, el precio resulta ser su mayor baza de competitividad y en ese aspecto sí que puede afectar el nivel de importaciones.
Pero también es cierto que, bajo un control estricto de calidad por parte de la empresa occidental importadora, las prestaciones de una máquina pueden alcanzar plenamente los niveles exigidos por los estándares más exigentes.
Es la otra cara de la moneda, el aprovechamiento de las capacidades productivas de China por parte de empresas occidentales para oferta un producto de calidad, que se concreta en la posibilidad de que empresas europeas tengan en China una puerta abierta para su fase final de producción y montaje. En la actualidad esta apertura está superando en expectativas a la de Europa del Este, no por la cualificación de sus trabajadores, sino por el precio de los salarios y su estabilidad política. Empresas de Alemania y Japón están abordando este terreno sin complejos.
Normativas
Las normativas que rigen la fabricación y comercialización de las electroportátiles para el trabajo de la madera son una serie de directivas, en nuestro caso aprobadas en el Parlamento Europeo y el Consejo, así como las propias normas de calidad de muchas de las marcas, siempre bajo el marco de las directivas europeas.
Existen marcas que se comercializan en otros mercados con otras normativas, como pueden ser Japón, Estados Unidos o China. En estos casos las empresas fabricantes y distribuidoras se adaptan a las legislaciones con una serie de certificaciones para la exportación. Uno de los criterios diferenciadores pueden ser las normas de seguridad, que en Europa son más rígidas que en Estados Unidos y por supuesto China. Si bien las certificaciones son una gran inversión para la empresa - y pueden verse como un lastre que alguien del sector llega a calificar como «pagar para vender» - implican un compromiso de calidad para con el cliente.
Con fecha 14 de junio de 1989, el Consejo de las Comunidades Europeas aprobó la Directiva 89/392/CEE. Con posterioridad esta directiva se modificó con las Directivas del Consejo 91/368/CEE, de 20 de junio; 93/44/CEE, de 14 de junio y 93/68/CEE, de 22 de junio. Finalmente la Directiva 89/392/CEE y sus modificaciones se refundieron en un solo texto mediante la Directiva 98/37/CE del Parlamento Europeo. Asimismo ésta Directiva y sus respectivas modificaciones fueron adaptadas al ordenamiento jurídico español a través de los Reales Decretos: 1435/1992 de 27 de noviembre (BOE nº 297 de 11/12/92) y 56/1995 de 20 de enero (BOE nº 33 de 8/2/95).
Esta directiva establece los requisitos básicos, de seguridad y salud, que deben cumplir las máquinas durante su proceso de diseño y fabricación es decir antes de su comercialización. Obviamente esta normativa afecta a las máquinas fabricadas en los países que conforman la Unión Europea y también se aplica a las usadas procedentes de países de fuera de la Unión.
Quien debe responsabilizarse de aplicar la normativa es el fabricante o bien en su defecto el representante del producto en la UE y lo hace certificando la conformidad de su producto siguiendo los requisitos de la ley aplicable tanto a la máquina como a los componentes de seguridad.
La elaboración de las normas armonizadas europeas corresponde a los organismos de normalización europeos CEN (Comité Europeo de Normalización) y CENELEC (Comité Europeo de Normalización Electrotécnica). El CEN/TC 142 es el comité técnico relacionado con el programa de normalización europea sobre seguridad de las máquinas para trabajar la madera y por lo tanto actúa como soporte de la directiva 98/37/CE, en este sector. La armonización de normas europeas supone dotar a los fabricantes de las especificaciones técnicas adecuadas que permiten diseñar y fabricar tanto la maquinaria como los componentes de seguridad según la Directiva.
En el artículo 7 de la ley se especifica que cuando un estado miembro de la Unión detecte una máquina, o bien un componente de seguridad, marcados con «CE», que pueda poner en peligro a personas, animales o bienes, a pesar de que cumpla con la normativa deberá ser retirada del mercado o en su defecto limitar su libre circulación. A partir de aquí se inicia un mecanismo que obligará a la Comisión a resolver la situación adecuadamente e informar tanto al estado como al fabricante o distribuidor responsable. En cuanto a las máquinas marcadas con «CE» y que no se adecuen a la normativa se someterán a las medidas que contra ellos adoptará el estado que haya detectado las anomalías y éste informará de ello.
Para la certificación de un producto, el fabricante o representante deberá seguir lo marcado en el Anexo II de la directiva según reza el artículo 8. En este anexo se encuentran los procedimientos a seguir por parte de quien quiere certificar y que se concretan en la elaboración de una declaración «CE» de conformidad. Posteriormente una vez cumplimentado el proceso administrativo deberá marcar la máquina o el componente de seguridad con «CE» y deberá hacerlo debidamente, de lo contrario sería motivo de no conformidad.
Antes de que una máquina, que no estuviera contemplada dentro de la norma, se comercialice el fabricante o, en su caso, el representante de éste en la Unión deberá constituir un expediente según contempla la ley. En el caso que la máquina estuviera contemplada pero se hubiera fabricado sin respetar parte de la norma se debería someter, la máquina, a un examen «CE».